Evolución del Espacio Público de la Plaza de la Cebada…

La plaza de la Cebada surgió sobre el vacío de un antiguo cementerio árabe, y se erigió como uno de los puntos de encuentro de una ciudad semilla que posteriormente se convertiría en capital del reino. No obstante la plaza de la Cebada sigue existiendo e incluso alberga la función de mercado que adquirió en el s. XV. Hoy, tanto el mercado como la plaza, se encuentran en una pésima situación tras una historia que se ha escrito desde los condicionantes sociales, culturales y económicos de la ciudad y la actividad comercial.

Por su situación y sus dimensiones, el encuentro entre calles sin asfaltar, que era la plaza de la Cebada, supuso el escenario perfecto para el desarrollo de actividades que llevaban implícito el encuentro de multitudes, como ferias, procesiones, ejecuciones y por supuesto el mercado. La Cebada acogía un mercado provisional y periódico, donde al aire libre se amontonaban sombrajos y mercancías y donde la arquitectura era efímera y surgía al servicio del espacio público. El elemento unificador y generador de actividad era el vacío mismo, que se abría en la ciudad para acoger cualquier actividad que ésta requiriese.

Pero las arquitecturas están para mejorar las condiciones de vida de los que las habitamos, o al menos así debería ser, y con la llegada de las grandes estructuras de acero, el mercado fue cubierto. Se construyó un edificio moderno que gracias a su sistema constructivo innovador, daba cobijo a una actividad comercial que tornó a permanente; el edificio era una gran cubierta ventilada de chapa sobre estructura metálica con altos ventanales que procuraban la iluminación natural, los cuales tuvieron que ser protegidos del oeste madrileño con celosías de librillo. Era un edificio al servicio de la plaza y de la función que demandaba la sociedad.

Este mercado se abría a la plaza, ahora más pequeña de la Cebada, que bien orientada y conectada con la de la Paja y el Humilladero, seguía constituyendo un espacio público de primer orden en la capital. La arquitectura apareció para mejorar el espacio público, siendo prioritaria la continuidad en el plano de acceso y cediendo a los comerciantes un zócalo, que a modo de los de las catedrales, permitía a los vendedores apoyarse en él para facilitar tanto al interior como al exterior un lugar para la venta.

Pero la aparición de las tendencias higienistas y las carencias reales de estos mercados, ya que eran varios los que había en la ciudad, pusieron en crítica el edificio. Madrid había crecido y los adelantos imponían una mejora de la tipología en instalaciones y equipamientos.

Se derribó el antiguo mercado y se instauró el nuevo, con una nueva ubicación en la plaza. Se planteó con un sistema constructivo innovador con los materiales del momento, en hormigón y ladrillo, levantando las seis cúpulas que hoy lo caracterizan.

Pero la ubicación del mercado descuidó el espacio público, olvidándose lo que le debía, y la plaza quedó relegada a unos espacios traseros perdiendo la conexión con las otras plazuelas de la zona, además el aumento del tráfico rodado hizo que los peatones se quedaran limitados a un perímetro funcional del mercado, y que la puerta principal se quedara huérfana de espacio público. La necesidad de más puestos supuso también una entrada a dos alturas, lo que rompió la continuidad con el plano de la calle.

En los ochenta llegaron otras formas de comercio y empezó el declive del mercado. Se construyó un polideportivo, consumiendo parte del espacio público restante pero creando un equipamiento deportivo necesario y muy utilizado.

A la ya desplazada plaza de la Cebada se le restaron algunos metros más para hacer la entrada de vehículos al aparcamiento subterráneo que se construyó en el 92, que aunque era necesario para el mercado, aisló aún más la plaza al romper la conexión con la calle Toledo.

En los últimos años se decidió convocar un concurso para rehabilitar el mercado y construir un nuevo edificio con programa deportivo y comercial. Y llegó la demolición del polideportivo de la Latina, dejando al distrito centro sin piscina municipal y dejando un enorme vacío en la ciudad. La crisis paró las obras previstas y las vallas de obras que rodean el solar han pasado a formar parte del escenario de la Latina.

El colectivo Basurama en la Noche en Blanco de 2010 vio en el solar una oportunidad y propuso la creación de una isla tropical, con cine de verano, escenario musical, talleres y juegos infantiles, con la idea de que durase “algunas semanas más”. La trama social y los vecinos se activaron y el ayuntamiento les cedió la gestión del solar, el nuevo vacío se llamó “El Campo de Cebada”, donde a día de hoy sigue habiendo actividades culturales y sociales, con trabajo voluntario de vecinos.

El pasado 2011 se recalificó el solar y el mercado, un paso más para la privatización de este espacio donde se supone que se construirá un nuevo centro comercial, haciendo caso omiso a la historia y la opinión de las personas que día a día viven y trabajan en el entorno de la Cebada, pensando con criterios de crecimiento económico y no de desarrollo urbano o social.

Por n´UNDO.

Evolución del Espacio Público de la Plaza de la Cebada… de El campo de cebada

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